Un informe especial de Finanzas San Luis

por Javier Apilánez Martínez (*)

La publicación del último índice de inflación invita a ensayar algunas reflexiones vinculadas a la medición de rentabilidad de nuestros ahorros. Como siempre sostengo, las mejores respuestas a los interrogantes que plantea la cotidianeidad financiera se encuentran en los postulados que la teoría plantea. Les propongo, en pocas frases, ensayar una revisión a los mismos.

El primer dato que debemos tener en cuenta para nuestra reflexión es el notorio descenso del índice de inflación. Como bien sabemos, ese dato (4,9% para noviembre 2022) es el que se debe contrastar con el rendimiento que ofrecen los plazos fijos (6,25% TNA para un plazo fijo tradicional a 30 días de imposición) siendo en este caso una inversión con tasa de rendimiento real positiva.

Sin embargo, y sin dejar de celebrar la sorpresa que significó ese dato de la realidad, es necesario plantear algunos ajustes al análisis de las estrategias de inversión en renta fija, típica de los pequeños ahorristas.

La primera cuestión es simple de entender, solo deberemos aceptar inversiones que como mínimo “empaten” a la inflación. Y esto es así, porque en caso contrario, aun habiendo ganado intereses tendremos menos dinero para gastar en el futuro respecto del que tenemos en el presente. Técnicamente hablando, y asumiendo que nuestros hábitos de consumo no cambiaran en el corto plazo, las tasas de interés negativas destruyen valor. Por el contrario, solo las tasas reales positivas producen acumulación económica.

Entonces, surge una pregunta. ¿Cómo mido el rendimiento de mi inversión? Y aquí es donde, como dije anteriormente es útil valernos de la teoría microeconómica, dado que dicha medición implica cierta complejidad.

Como bien sabemos, el índice de inflación que termina definiendo la tasa mensual (y anual) de la variación de los precios de la canasta básica es un dato ex post. Esto significa, que es un dato que se conoce luego de que se realizó la inversión.

Es necesario alertar que, ese tipo de tasas no sirven para tomar decisiones de ahorro e inversión, dado que para una correcta evaluación de nuestras acciones financieras futuras se necesita contar con una tasa ex ante, es decir, que la tasa de rendimiento esperada alcance de antemano las expectativas mínimas de lo que esperamos ganar. Para este caso puntual, esa tasa deberá alcanzar como mínimo la inflación futura esperada, sin tener en cuenta la pasada que para este tipo de análisis es indiferente.

Esta es una de las paradojas de las ciencias económicas: a veces el pasado nos enseña poco respecto del futuro.

Un breve ejemplo ayudará a una correcta comprensión de lo que sostengo. Aquellos que en octubre de este año constituyeron en Plazo Fijo UVA sin la opción de pre cancelación tendrán un rendimiento aproximado de 18,90% en enero 2023, fecha en que vencerá el plazo de imposición y se acreditaran los fondos en la cuenta. Y, quien optó por la opción de Plazo Fijo Tradicional a 30 días, luego de renovar tres veces dicha inversión, obtendrá en la misma fecha un 19,70% de rentabilidad.

¿Por qué se da este fenómeno? Se da, tanto por cuestiones teóricas como por cuestiones fácticas.

Respecto de las primeras, las teóricas, el interés compuesto entendido como una operación que capitaliza mensualmente los intereses generados, potencia la ganancia total de la inversión, lo que en la jerga técnica se conoce como Rendimiento Total al Vencimiento. Además de dicha cuestión propia de la matemática financiera, debemos tener en cuenta uno de los principios fundamentales de las finanzas llamado Principio de Liquidez, que postula que es mejor disponer del dinero antes que después, cosa bastante lógica, por cierto.

Las cuestiones fácticas o propias de la realidad se vinculan a una situación puntual: las tasas nominales de interés venían empatando a la inflación por lo que una inversión en plazo fijo solo servía para tratar de no perder por goleada en términos de desvalorización de nuestros ahorros.

Entonces, solo una correcta y armoniosa comprensión de ambas cuestiones nos permitirá un adecuado abordaje de la incertidumbre a la que nos somete la realidad económica de Argentina y nos ayudará a evaluar con mayor precisión nuestro futuro financiero.

Intentar una conclusión a partir de la teoría es parte de mi esencia cuando participo en este tipo publicaciones. Vuelvo a ejercitarla: ¡¡¡Enhorabuena…!!!, el dato de baja de inflación implica un respiro para nuestro bolsillo, pero debe ser tomado con cautela al momento de definir el norte de las futuras inversiones.

(*) es Contador Público Nacional y Magister en Economía y Negocios por la Universidad Nacional de San Luis. Especialista en Sindicatura Concursal por la Universidad Nacional de Córdoba. Profesor Adjunto de las asignaturas Administración Financiera y Gestión Económica Financiera (FCEJS – UNSL). Autor de trabajos sobre doctrina concursal para publicaciones especializadas. Email: javier.apilanez@gmail.com

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